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Gabriel Piconero - VinculoPyme

Sobre el nuevo banco estatal y las pymes...

Sobre el nuevo banco estatal y las pymes...

Hoy me dió mucho gusto leer un artículo de opinión en Los Andes de mi querido amigo Gabriel Bustos Herrera, sobre cómo creció España a partir de la implementación de políticas económicas clara hacia las pequeñas y medianas empresas (pymes) que representan un importante potencial en aquel País.

El artículo lo comparto a continuación para aquellos que no pudieron leerlo, y verán porque digo que me dió mucho gusto saborear el inteligente comentario de Bustos Herrera.

De gallegos, pero no es cuento

De niños, mis abuelos pastoreaban sus ovejas en la Sierra Nevada, cerquita de Granada y del Mediterráneo. Por entonces, España era la Cenicienta de Europa. Pobre, lejos de la modernidad, sin trabajo, con un analfabetismo degradante. Los de la miseria -como mis abuelos- soñaban con la América lejana. Hasta que muchos soles después -cuando los inmigrantes acunaban aquí sus nietos- los españoles dejaron de ser joda para cuentos de gallegos.

Despuntaban los ’80, cuando España hizo saltar para arriba su PBI y entró en el desarrollo y la modernidad, como sus vecinos ricos. Es que la Cenicienta consiguió aprovechar el ahorro con las Cajas Regionales y abrir el camino del crédito a las pequeñas y medianas empresas -80% de la fuerza productiva española- con una red de sociedades de garantía. Gallegos, pero no giles, la armaron de tal manera que las pymes pudieron sentarse frente al gerente de créditos con espalda y certezas y conseguir financiación y tasas menores. Cambiaron su historia, y no es cuento, porque aquí tratamos ahora de imitarlos.

Lo que no arregla el banco estatal

De la nostalgia de mis viejos y de la nueva España, me acordé cuando Cobos dijo que para ayudar a los productores más chicos necesita imperiosamente un banco estatal, remedo del que provocó la tragedia del Mendoza y del Fondo Residual.

Pero aquí en el pago, las pymes no sólo no acceden a los bancos. Tampoco al mercado de capitales: sus estructuras desajustadas no las encuadran en las exigencias del mercado de valores. En Estados Unidos, las empresas grandes y pequeñas se abastecen en el mercado de capitales, no en los bancos, porque en la Bolsa consiguen recursos a más largo plazo y a tasas más bajas. No es un recurso sencillito, porque exige poner la empresa en blanco y en la vidriera. Un problema: más de la mitad trabaja en negro. Y cuando el banco exige garantías, buena parte de las pymes transpira: hay miles "engrilladas" en los residuales de los bancos caídos y están -como Martín Fierro- en todas las listas menos en la de pago.

Lo de España no es milagro: hoy en día más del 80% de las pymes consiguen crédito avaladas por alguna de las 25 sociedades de garantía regionales, que responden ante eventualidades de pago. En el 2005 esos paraguas de protección, tenían otorgados avales a unas 80.000 emprendimientos pyme por más de 14.000 millones de euros.

Si todos ponen

¿Y cómo armaron las SGR? Con el aporte de socios inversores-protectores que ponen capital en la SGR, no porque quieran ganarse el cielo, sino porque consiguen una suculenta desgravación.

Aquí, en el país, un socio protector podría desgravar de Ganancias (gravada con un 35%), todo el aporte de capitales que haga a una SGR, por ejemplo.

En España canalizan también aportes de las cajas regionales, de los bancos o de los fondos de previsión. Así, arman un fondo de garantías, que es la espalda de aval para pequeños productores ante los bancos y entidades financieras. De esta manera, el productor chico no llega como Adán, a la mesa del gerente: viene respaldado por una SGR que lo garantiza y que además ya ha evaluado el proyecto que quiere encarar (tarea de un consejo de avales).

A cualquier gerente de banco se le normalizan las pulsaciones con ese respaldo: firma sin miedo la solicitud de crédito, baja la tasa de riesgo, amplía el plazo y no demora. Sabe que va a cobrar: si se cae la pyme, la SGR responde y él no pierde el laburo.

¿Y por qué se va a interesar un inversor en arrimar capital a una SGR? Primero porque desgrava Ganancias, pero además, porque se abastecen de garantías sus propios proveedores y hasta sus clientes (es el caso de las grandes cadenas de producción).

A los "grandes" les interesa que sus proveedores chicos tengan buena salud financiera y productiva. Hasta a los propios bancos les conviene apoyar a una SGR que respalde a sus pequeños clientes potenciales: los convierte en "sujeto de crédito", les arrima clientes que pagan, hoy escasos.

En España, el 80% de las operaciones de 2005 han sido créditos de menos de 200.000 euros. De los emprendimientos avalados, el 85% tiene menos de 50 trabajadores. Es decir, perfil pyme, emprendimientos que de no mediar la garantía de la SGR no hubieran llegado a la firma de los celosos gerentes bancarios o de las cajas mutuales de crédito. Es una usina inigualable: las SGR españolas protegen empresas que abrigan al 72% de los puestos de trabajo de toda España.

El Fondo y el gran garante

Laura Montero -antes de que la política le obligara a algunas bruscas mutaciones- creía que no necesitaba afrontar los riesgos de otro banco estatal, si contaba con un Fondo de la Transformación con buena cartera y si podía edificar una poderosa SGR que les sirviera de garantía a las pymes en su pedregoso camino al crédito. Era, pensaba, la combinación óptima para mover la fuerza pyme: crédito y garantía.

La idea de armar una SGR local ronda los despachos del Barrio Cívico desde principio de los años 2000. Va y viene. Se mece pero no cuaja aún. Ahora, empujada de nuevo desde Economía, Cuyo Aval SGR, está a la espera de la visa de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y tramita su inclusión entre las normas del Central.

El Fondo de la Transformación ha puesto 2 millones de pesos para integrar el Fondo de Garantías y se han sumado como socios protectores Triunfo Seguros, la UNCuyo y el Colegio Farmacéutico (en otro intento, años atrás, estuvieron Fecovita y la Cooperativa Farmacéutica). Como "partícipes" unas 81 pymes ya están anotadas para sumarse a la cadena. Incluso está en formación un intento privado: una bodega de vinos finos y grandes exportaciones está armando una SGR propia, para cobijar a sus productores, proveedores y clientes. "Esta vez puede ser", se esperanzan unos y otros.

Con la desconfianza todavía asediando el sistema financiero y con pymes en negro, la mecánica que catapultó a España suena todavía a ficción.

Estas sociedades de garantía -como ocurre con el seguro agrícola, por ejemplo- todavía no forman parte de la cultura del productor, ni de empresarios o inversores.

Si es escasa la integración para producir (ni el 7% de la totalidad de los productores figura como "asociado" o "cooperativizado" en el último censo), no puede extrañar que esta cadena "financiera" de las SGR no encaje aún en la mente cuyana.

Sin embargo, el nuevo paraguas de garantías parece esta vez levar anclas: ojalá sea como la ocurrencia gallega, que no fue cuento.

Fuente: LOS ANDES, MENDOZA

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