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Gabriel Piconero - VinculoPyme

El dinero no hace la felicidad

El dinero no hace la felicidad Parece un chiste, pero un grupo de economistas cree que la relación entre el dinero y el bienestar psicológico de la gente debería tomarse analizarse cuidadosamente. "El uso de datos de felicidad en estudios económicos debería tomarse en serio", advierte el economista argentino Rafael Di Tella.

Di Tella, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, planteó el problema sin rodeos en un paper titulado "Macroeconomía de la felicidad" que elaboró junto a su colega Robert MacCulloch de la Universidad de Oxford y Andrew Oswald de la Universidad de Warwick.

"La felicidad es quizás el objetivo fundamental del ser humano.Desde la creación del estado moderno los gobiernos han considerado el bienestar de sus ciudadanos como el principio rector fundamental de sus acciones. (...) Pero ¿Cuál es la estructura microeconómica de la felicidad? ¿Hay movimientos sistemáticos de la felicidad presentados a través del tiempo?"

El debate está servido. Y si bien Di Tella no fue el primero en abordarlo, en estos días el economista argentino lo retomó. Acaba de presentar una investigación en el prestigioso Journal of Economics Perspectives, en el que repasa junto a MacCulloch los últimos avances en Economía de la Felicidad.

La corriente teórica se originó en los EE.UU. a mediados de los '70, cuando Richard Esterlin introdujo estadísticas de felicidad de la población (medida a través de encuestas) en modelos econométricos. De esa forma surgió la "Paradoja de Easterlin", que sostiene que los ingresos influyen sobre el bienestar psicológico menos de lo que se cree.

Di Tella y MacCulloch confirman esa paradoja en su Macroeconomía. Pero las comprobaciones más fehacientes aparecen en los estudios sobre países ricos como EE.UU. y Japón que mostraron una curva aplanada de felicidad desde la década del '60, aunque hayan multiplicado varias veces su ingreso per cápita.

Otro estudio, pero del centro inglés New Economics Foundation concluyó que mientras el producto bruto per cápita más que se duplicó desde 1950, la felicidad de los británicos primero subió modestamente hasta tocar un techo en 1976, y luego decayó hasta ubicarse este año en niveles apenas superiores a los de posguerra.

Pero como era lógico, los argentinos también tenemos nuestro índice de felicidad macroeconómica que mide la evolución del bienestar de los habitantes de esta tierra en los últimos 30 años y trae algunas sorpresas.

Fuente: INVERTIA

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