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Gabriel Piconero - VinculoPyme

Desarrollo y democracia

Por qué dos países similares -España y la Argentina- se han despegado tanto política como económicamente. Por qué uno triunfó y el otro ha fracasado. La disparidad del marco europeo y latinoamericano.

Por: Martín Varsavsky

Muchas veces miro a España -mi país de adopción- y la comparo con la Argentina -mi país de nacimiento- y trato de entender una y otra vez por qué, por lo menos hasta ahora, hemos fracasado como país, y España, en cambio, ha triunfado.

Reflexiono sobre la España actual y me cuesta pensar que desde la época de Felipe II y hasta hace no mucho tiempo haya sido un país que se hallaba en un espiral de decadencia, donde la concentración del poder y el amiguismo eran la forma cotidiana de dirigir la vida de las personas, donde la religión primaba sobre la ciencia (y ésta a su vez era considerada como enemiga del Estado), donde se atentaba contra la diversidad cultural, donde la pobreza era tan grande que los españoles emigraban de a millones a la Argentina, Francia, Alemania y Suiza. Resulta difícil recordar hoy en día que España vivió una trágica guerra civil, un enfrentamiento sangriento que muchos historiadores y politólogos catalogaron como experimento, refiriéndose a lo que vendría años después en Europa con la Segunda Guerra Mundial. En definitiva, me cuesta pensar en aquella España como el país aislado del mundo durante siglos, pobre y sin libertades que fue hasta la muerte de Franco.

Hoy miro a la España actual, democrática, rica, dueña de una gran diversidad cultural, exitosa, equitativa, capaz de superar la mayoría de sus problemas más graves y la comparo con lo que ocurrió en mi Argentina natal y me decepciono enormemente. Especialmente si se piensa que Argentina tenía a mediados del siglo XX índices socio-económicos y niveles educativos y culturales muy superiores a los de España.

Me resulta realmente un enigma indescifrable entender cómo ha podido resultar que la Argentina tenga un producto bruto per cápita tan inferior al español -menos de la mitad a pesar de que ahora vuelve a crecer-, una tasa de criminalidad mucho mayor, un nivel de desempleo aún altísimo que llega a dos cifras sin brindar un seguro de desempleo para paliar el problema, un sistema educativo injusto y frágil donde sólo se reciben aquellos con mayores recursos, un sistema sanitario en el que los que dependen de la salud pública sufren demoras y falta de medicamentos, una clase dirigente compuesta por un presidente que exige a su equipo fidelidad más que capacidad a la hora de ocupar puestos claves y que promueve a sus parientes en el poder siguiendo la triste tradición peronista. Me cuesta comprender por qué el Presidente de la Nación decide adular a fracasos como Venezuela y Cuba, buscando allí inspiración en lugar de mirar los ejemplos de países exitosos como España, Chile, Irlanda, Singapur, Corea, Taiwán o Australia.

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Fuente: Perfil.com

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